Más allá de presentar una definición única de ‘justicia hídrica’, sus rasgos distintivos y los conceptos relacionados, la búsqueda colectiva por descubrir, desenredar y conceptualizar este campo de nociones, en la práctica concreta, está en la médula del proyecto intelectual y social de la alianza Justicia Hídrica. Es uno de los grandes retos de las investigaciones teóricas y empíricas que realiza la alianza.

En la obra Justicia Hídrica. Acumulación, Conflicto y Acción Social (Justicia Hídrica, IEP, PUCP. Lima: IEP, 2011), se presentan los primeros resultados de la investigación colectiva, distinguiendo entre los niveles entretejidos de la conceptualización de justicia hídrica por cada investigador/a; las percepciones de justicia hídrica por parte de los distintos actores locales; y la noción consensuada de justicia hídrica al nivel de la alianza. Así, un elemento importante de nuestro marco es permitir la comprensión de la seguridad y la justicia del agua como algo articulado, experimentado y percibido por los diferentes actores en un contexto específico, más allá de buscar una teoría general sobre lo que la justicia hídrica debe ser según los llamados expertos.

Para entender los procesos de acumulación de agua y de derechos de agua, y los conflictos resultantes, se propone el uso de «escalones de análisis de derechos» (Echelons of Rights Analysis, ERA). Este marco parte de una conceptualización de los derechos de agua como embebidos en, y expresados por, las relaciones sociales de poder. El marco permite explícitamente que se diga que los conflictos y las luchas por el agua no son solo acerca de la distribución desigual de los recursos, sino también sobre las reglas, sobre la autoridad, y sobre los discursos que justifican o impugnan esta distribución. Algunas de las cuestiones claves que caracterizan al proyecto de investigación colectiva son:

  1. la comprensión de la justicia del agua, en términos de la ontología (qué es, cómo definirla, qué es lo que la caracteriza) y en términos de la epistemología (cómo se la puede conocer);
  2. la comprensión y la interpretación de (los procesos de) acumulación y despojo de agua;
  3. el papel de los discursos y el conocimiento en la coproducción de las injusticias hídricas;
  4. las maneras para no solo «exponer» las injusticias y los conflictos resultantes a través de la investigación, sino de contribuir también a que haya más justicia en el agua.

Esto último se lleva a cabo mediante la búsqueda de maneras de contribuir a las acciones de la sociedad civil que apoyan a los grupos marginados que tienden a perder su acceso al agua o no tienen voz en la toma de decisiones. La justicia requiere tanto de la redistribución como del reconocimiento, y el examen de la relación entre los dos es lo que caracteriza a un buen trabajo investigativo y una buena formulación de políticas, así como una acción activista y de base equilibrada. Para ello es necesario conceptualizar el reconocimiento cultural y la igualdad social en formas que se apoyen en lugar de socavarse uno al otro. Y requieren que se aclaren los dilemas políticos que surgen al tratar de combatir ambas injusticias al mismo tiempo.

Llegar a un acuerdo sobre los conceptos y teorías, en un lenguaje adecuado, es mucho más que una preocupación académica inspirada por los deseos de claridad o rigor intelectual. También es un asunto profundamente político e ideológico. En el temario de las justicias e injusticias hídricas, los aspectos socioeconómicos, técnicos, hidrológicos, culturales, jurídicos y políticos del agua están interrelacionados y se interdeterminan. En un documento adjunto se discutan algunas nociones y conceptos teóricos que pueden apoyar la tarea de identificar y desafiar las fuentes de injusticias en el agua y los mecanismos y procesos de expropiación y despojo. Es una primera exploración para el debate acerca de cómo estudiar las injusticias hídricas, de manera transdisciplinaria, reflexiva, contextualizada, reconociendo la pluralidad y la complejidad como características fundamentales de las sociedades de aguas (Zwarteveen y Boelens, 2011).

  • Una epistemología pospositivista y constructivista y una actitud de investigación reflexiva;
  • Una concepción de la naturaleza y la sociedad como ámbitos que se constituyen mutuamente;
  • Un reconocimiento explícito de la naturaleza disputada del agua, que involucra luchas y conflictos sobre el recurso, sobre los derechos y las reglas, sobre las autoridades y sobre los discursos;
  • Un entendimiento del control del agua como algo complejo y de muchas capas, y los problemas del agua como «problemas perversos»;
  • Una definición ontológica de los términos «seguridad del agua» y «derechos de agua» que refleje y co-constituya las constelaciones local e históricamente específicas de las relaciones de trabajo y propiedad, que se exprese en las relaciones sociales de poder y en las redes socionaturales a múltiples escalas;
  • Una conceptualización de «justicia» o «equidad» que tematice explícitamente su carácter relacional y que reconozca tanto las dimensiones materiales y económicas, como las dimensiones culturales;
  • Una vinculación de las luchas «locales» del agua con las tendencias y fuerzas históricas y económicas más amplias, y un entendimiento de las dimensiones escalares de la resistencia y la acción de la sociedad civil.